
“SIEMPRE EN MI CORAZÓN…”
Era primavera, mayo de 1980. Había revuelo en el barrio. En la iglesia de San Bartolomé, en plena Judería sevillana, la Hermandad de Jesús Despojado iba a crear una agrupación musical. Todos los chavales del barrio que no tocábamos en ninguna banda corrimos a apuntarnos. Los había de todas las edades: de 9 años como Luis Romero y hasta de 18 como Javier Bermejo.
La selección se hizo en la puerta de la habitación anexa que había a la derecha de la iglesia y que hacía las veces de casa de hermandad. No recuerdo exactamente a cuántos eligieron, pero si recuerdo que quedamos cuatro chavales, los más pequeños, como suplentes.
Yo me sentí decepcionado, todos mis amigos tocaban en las Cigarreras, el Sol o San Esteban. Fue duro, pero mi buen amigo Miguel, alias “El Mochu” no dejó que me rindiera y me obligó a ir a los primeros ensayos. Gracias a su empuje, al cuarto ensayo que asistí, el entonces subdirector de la agrupación, Miguel Correa, me dio mi primer instrumento: un tambor. Era precioso, metal dorado en el centro con dos arcos arriba y abajo adornados con la bandera de España; Bandolera negra y baquetas beige nuevas y relucientes.
Y así,… empecé mi andadura musical. Con mis amigos, en la hermandad de mi barrio, en la banda de mi barrio. “MI BANDA”. Mis ensayos, primero en los aledaños del Sánchez Pizjuán, poco después en el campo de la feria y los domingos, en la plaza de las Mercedarias.
Recuerdo el primer contrato… Fue una romería de Castiblanco. Apenas llevábamos un pantalón negro y una camisa blanca por uniforme, con muchos nervios pero con mucha ilusión. Por aquel entonces, sólo tenía 13 años y apenas sabía tocar, pero me sentía la persona más importante del mundo. Y fue maravilloso, sentía ganas de reír y de llorar a la vez. Todo ese cúmulo de emociones me calaron muy profundamente y dejaron ese día en mi recuerdo para siempre. Desde ese momento tuve claro que quería formar parte de la música cofrade: vivir “La Pasión, Muerte y Resurrección, según Sevilla”. Rezarle a Dios y a su Madre en compás de compasillo, desde el corazón… Y ser testigo del milagro de Fe que cada primavera se vive en esta SANTA TIERRA LLAMADA SEVILLA.
Desde entonces y… hasta hoy, tres décadas después, he vivido muchas alegrías y sinsabores en todos los aspectos, pero siempre ha habido una constante en mi vida… “MI BANDA”, “MIS HERMANOS MUSICALES”.
A todos y cada uno de ellos que durante estos 30 años han pasado por la agrupación, hoy quiero rendirles mi más sincero homenaje.
Decirles que me he sentido y me siento muy orgulloso y honrado de haber compartido con ellos tantos momentos entrañables y de haber tocado junto a ellos permitiéndome forjar mi carácter como persona y como cristiano.
Ellos, con quienes he aprendido a respetar y a amar la música. Ellos, con quienes he compartido mis sentimientos, mis risas, mis decepciones y mis alegrías.
…A todos ellos, “MUCHAS GRACIAS”.
Pero antes de terminar, quiero hacer una mención especial a Juan Ramírez Téllez, “Juanito”, quien me ha tratado siempre como a un hermano pequeño y quien ha compartido mis buenos momentos y me ha apoyado en los malos. “TE QUIERO, TABLA”
A mi compadre Cata, mi amigo y mi compañero de fatigas. Por tantos años caminando y disfrutando juntos. “UN BESAZO, GORDITO”.
A Antonio Amodeo, mil amigo de la sonrisa eterna y buena persona donde las haya. “UN FUERTE ABRAZO, CANIJO”.
A Pepe Carrasco, poeta y trovador. Compositor y amante de su música y su fe cristiana. Gran amigo. “QUE DIOS TE GUIE Y TE ILUMINE SIEMPRE, QUERIDO PEPE”.
A mi buen amigo Juan Martín, compañero inseparable, leal y desinteresado amigo. ”QUE DIOS TE COLME DE BENDICIONES A TI, Y A LOS TUYOS”.
A Rafa Cuesta, amigo desde la infancia. Hombre noble y de corazón puro. “QUE JESUS DESPOJADO Y SU MADRE DE LOS DOLORES Y MISERICORDIA TE BENDIGAN”.
A Luis Rodríguez, magnifico amigo. Paciente y comprensivo. Muy amigo de sus amigos.
“TU AMISTAD, PARA MI ES UN TESORO, SOBRINO”.
A mi Currito, “El que mejor toca el triángulo del mundo mundial”. “MUCHOS BESOS PRIMILLO”.
A mis amigos Juanma Rull y Javier Pérez Vargas, por demostrarme tantas veces el cariño y el aprecio que sienten por mi. “OS QUIERO MUCHO, COMPAÑEROS”.
A todos, gracias, de todo corazón. Muchas gracias.
Y por supuesto, a mi hermandad de Jesús Despojado, porque al amparo de ella crecí y me formé como hombre y como cristiano.
Y por último, a mi banda de los Dolores, de Jesús Despojado, de Ntra. Sra. De los Reyes. SIEMPRE TE LLEVARÉ EN MI CORAZÓN.
J. ANGEL PEREZ DEL TORO.
“ EL DEMONIO”