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Francisco  Javier Núñez González nace en la ciudad de León, un 2 de diciembre de 1968. Con 16 años ingresa en la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno, donde permanece siete años como corneta de primera voz y solista. En 1992, y siguiendo los pasos de la A.M. Jesús Despojado, funda la que sería la primera Agrupación Musical en la Ciudad de León, la Agrupación Musical de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias y Soledad. Tras ocho años como subdirector de la misma, y ejerciendo como trompeta primera y solista, nuevos proyectos hacen que abandone esta formación para formar y fundar la Agrupación Musical Santa Marta y Sagrada Cena, más conocida como “La Cena”, que al amparo de la Hermandad leonesa del mismo nombre, nace en el año 2000 como la primera Agrupación Musical Independiente de León. Subdirector de esta formación musical, en mayo de 2009 se pone al frente de ella como Director. Desde el año 2010 es componente de la Agrupación Musical Virgen de los Reyes, de Sevilla, a los cuales lleva siguiendo desde el año 1991.

Y fuimos dos…

Dicen que nunca se olvida una primera vez, y puede que lleven razón. El día que te conocí, lo recuerdo perfectamente, pues la noche anterior me la había pasado desvelado por los nervios de encontrarme contigo. Eran tantas las referencias que me daban de ti, que desbordaba en imaginación, alterando los conceptos y desdibujando tus rasgos imponentes y señoriales. Era un atardecer de primavera, y Sevilla, olía como siempre a pestiño y azahar. La Giralda entonaba su repique de campanas, esas campanas con aromas de pueblo. Caminaba a tu encuentro cuando, ante tal aglomeración de gente, me encaramé a las rejas de una casa en una calle con un nombre bendecido a medida para esa primera vez. La música se iba haciendo presente y así fue como pude distinguir entre nubes de incienso la marcha “Padrenuestro”. Caminabas tras el paso de la Hermandad de los Panaderos, en aquel santo entierro magno de 1992. Yo te miré, tú me encontraste, y desde entonces, nunca más hemos vuelto a separarnos, Virgen de los Reyes…

Desde aquel día, han pasado ya veintidós años. Veintidós años siguiendo un modelo de banda, siguiendo un legado, aprendiendo de sus obras, aprendiendo de sus componentes, observando sus quehaceres, absorbiendo sus movimientos, empapándome de sus costumbres, alegrándome de sus triunfos y solidarizándome con sus penas… Tanta gente he conocido… Muchos componentes han pasado por las filas de esta formación, y con todos ellos me quedo, con todos los que he conocido, pues todos me han enseñado algo. Y es que si algo tiene esta formación musical, es su gente. Pero no, no es una gente normal. Estos que yo conocí eran boinas, los que llamaban “los despojos”, continuadores del estilo de Arahal, que el gran Manuel Rodríguez Ruiz instaurara en Sevilla siguiendo la estela de la Comandancia Móvil de Eritaña, de la Guardia Civil. Empezando por Rafa Cuesta, quien nos tendió la primera mano al conocernos en aquel pabellón de Guatemala, y siguiendo por Pepe Carrasco después, quien durante muchos años me enseño una de las ciudades más bonitas del mundo y que, a día de hoy, me tiene locamente enamorado. Poco a poco fui conociendo más gente, internándome más en su formación. Ellos me iban conociendo y yo a ellos. Y las primeras miradas escépticas e inseguras, se iban trasformando en abrazos y sonrisas de acogida, año a año. Javi Vargas, Rull, Vicente, Quisco, Vaquero, Sergio, el Chico, Ricardo, el Cata, Juan Luis, Velasco, Juan Carlos, Queco, Juan, Antonio, el Canijo… tantos y tantos nombres propios que han hecho grande esta banda y la siguen haciendo. Perdonarme, si se me olvida alguno, pero es que sois tantos… Muchos recordarán con nostalgia y alegría a la vez, aquella visita a león en el año 1995, aquel concierto, aquella saeta, aquella nieve que se hizo presente para recibirles en esta ciudad.

Cuanta historia ha pasado antes mis ojos. Cuantas anécdotas, cuantas cosas que contar… Yo fui testigo de la vuelta del paso del sagrado decreto a su estación de penitencia tras cuarenta años sin haber salido. No se me olvidará aquella palmera saliendo de la iglesia. O la primera levantá del palio de la Virgen de la Aurora en la iglesia de Santa Marina, donde Carrasco nos metió camuflados de costaleros… Ver a la am de la redención tocando en cruz de guía del resucitado, o a la extinta am santísima trinidad, con sus casacas rojas, o a la banda de la sed con su casco de pincho subiendo por la cuesta del rosario… Aunque me sigo quedando con mi Señor Resucitado. Veintidós años acompañándole, siguiendo sus pasos cada mañana de Domingo de Resurrección. Daba igual que nuestra espalda tuviera que apoyarse en alguna pared cada vez que el paso arriaba, porque no podíamos del cansancio de toda la semana; o que nos durmiéramos mientras esperábamos a que pasara por los palcos o dentro de la Catedral. No importaba. Porque detrás del Señor iba Mi Banda! Fíjate cómo ha cambiado todo. Aun me acuerdo cuando éramos muy pocos los que íbamos a ver la salida a Santa Marina, y , sin embargo, ahora, hasta ponen vallas para que la gente no moleste el discurrir de la procesión. Incluso, ahora, los aplausos en la campana, cuando la aurora de resurrección hace acto de presencia en esa mañana, suenan a madrugá.

Por eso, cuando uno de esos años, Antonio “Albaida”, conocedor de mi pasión por esta banda, me propone tocar con ellos, pensé que no podía ser verdad lo que estaba oyendo. Al principio me quedé escéptico. No supe reaccionar. ¿Cómo iba yo a tocar con quienes para mi eran mis ídolos? Me causaban un profundo respeto que yo no debía romper. Pero, por otra parte, ¿acaso no era un sueño convertido en realidad? Así fue como un día, uno de tantos, llegué a mi Sevilla con otra intención muy distinta a la de seguir sus pasos y grabarles en mi cámara de video. Javi Oliva me dejaría su traje y Antonio se encargaría de los accesorios del uniforme. Solo faltaba el tricornio; y eso fue el regalo de un gran amigo, Vicente García. Y así fue como ese día, en Torreblanca, en mi primer certamen ante El Señor, fui uno de vosotros. Como a casi todos os conocía, muchos fueron los abrazos y las felicitaciones, orgullosos de verme vestido como vosotros. Pero os aseguro una cosa, yo lo estaba aun más. Fue mi primera vez, y eso nunca se olvida… Y, desde entonces, cada viaje que emprendo a esa bendita y mariana ciudad que Sevilla es, recuerdo porqué mis compañeros de Virgen de los Reyes me engancharon desde el primer día. Por su carácter, su sociabilidad, su acogida, extrovertidos haciendo desde el primer momento que te sientas, entre ellos, como uno más. Fieles a su carácter andaluz, con otra forma totalmente distinta de tomarse la vida. Viviéndola, sin más. Y así fue como desde hace cuatro años, ya con mi propio traje, y con el beneplácito de Juan Ramírez Téllez, este “Nevaito” se transforma en peineta cuando la vida le tiende una oportunidad.

A ese primer día, siguieron después muchos más. Conciertos, Certámenes, Procesiones, Besamanos… Experiencias, que de no haber pertenecido a Virgen de los Reyes, nunca hubiera vivido tan de cerca y que ahora no podría contar a mi gente de León. Como el pasar procesionando por Campana; o pasar procesionando por la calle pureza, por delante de la Esperanza de Triana y por delante de Santa Ana; tocar ante la Virgen del Rocío, mi primer certamen de Jesús Despojado. Son tantas vivencias, tantas… al lado de amigos, al lado de mitos. Personas que me han enseñado como se siente el estilo de agrupación musical, como se vive, como se trasmite; mostrándome unos valores y unas cualidades de las que ahora me siento muy orgulloso de haber recogido y habérselas trasmitido a su vez a todos mis compañeros de mi banda leonesa, la Agrupación Musical “La Cena”.

Treinta y cuatro años desde que aquellos niños del din-don y la boina encandilaran con su música, con su saber hacer y con su energía a la hora de trasmitir. Porque al fin y al cabo, eso es de lo que se trata. De trasmitir, de emocionar y de complacer. De llegar al público, al cofrade, al escéptico, al niño, al joven y al viejo. Llevando por máxima que la música no hay que entenderla, sino sentirla, y que como dijera Miguel de Cervantes, “.. donde hay música no puede haber cosa mala…”. Treinta y cuatro años luchando contra viento y marea, contra críticos y oportunistas aprovechados. Treinta y cuatro años de fidelidad a un estilo y a una ciudad. Y así, que vengan muchos más…

 

…A mi Virgen de los Reyes (No quiero oírte que llegues, quiero oírte llegar…)

Francisco Javier Núñez González

 

 

 

 

 

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