¿Se puede andar más feliz?

Suenan las cornetas al unísono.

¡Parece la Salve!, refiere con una risa nerviosa, entre admiración y curiosidad, uno de los miles de congregados que contemplan Sus Llagas. Toda duda se disipa cuando las gaitas rompen el silencio del Compas de la Laguna.

Entre ese momento, y los sones de la Marcha Real en la Avenida de la Constitución, a las puertas de la Catedral, pasaron en realidad varias horas. Nuestro “tempo” era distinto. Creo hablar en nombre de todos, si digo que solo fueron minutos.

¿Cómo puede durar tan poco una cosa tan grande?

¿Cómo puede hacer tan feliz a tanta gente, tan “poco” espacio de tiempo?

En un principio creí que era por la música, pero no, no era solo por tocar bien.

¿Alguien se fijó en nuestras caras?,

¿En las caras de nuestras familias, en la de nuestros amigos?

¿En la sonrisa cómplice de esos compañeros músicos de otras bandas, esa gente que sabe verdaderamente lo que han pasado las personas que desde niños eligieron vivir su vida al amparo de una corneta, una trompeta, o un tambor?

Que nos perdone Sevilla, pero esas pocas horas, que para nosotros fueron solo minutos, eran para que un grupo de veteranos de mil batallas musicales, recogieran por un día el fruto de su larga siembra.

Quizás haya sido el Domingo de Ramos más corto de nuestra vida. Corto, pero inolvidable.

Cristo también estaba Radiante. Lo acompañaba de ida Su pasado musical, y lo traía de regreso Su presente.

Y Su Gente de Abajo… Como Siempre.

Se puede andar más feliz?

Antonio Amodeo Ojeda

Músico Cofrade